domingo, 1 de junio de 2014

Llenando mi Vaso - Reflexiones de una Madre en Comunicación Positiva

Compartimos con vosotros las reflexiones de Gloria durante una sesión de coaching en relación con los estilos de comunicación que estaba identificando tanto en ella misma como en su hija.


Comenzó describiendo un paseo en bici que había hecho el fin de semana anterior con su hija Sonia y una amiga de ésta, Vera. Fue aquí cuando empezó a ser consciente del estilo de comunicación que utilizaba su hija. Cuenta Gloria:

"Al llegar al parque, Sonia y Vera escogieron cada una un aparato para hacer ejercicios. Sonia encontró un gusano en el suyo y se apartó de él como una exhalación.

-Ay, un gusano, ¡¡¡qué asco!!!... Jo, ya no puedo hacer este ejercicio... (había otro aparato exactamente igual a cuatro metros que en ese momento ocupaba su amiga Vera).

-Qué mala suerte que tengo, ¡seguro que en el de Vera no hay ningún gusano!



Cuando fui a ver al "monstruo" me costó encontrarlo de lo diminuto que era. Le sugerí que se pasase a otro aparato, y que luego hiciese los ejercicios en el de Vera cuando ésta lo dejase libre.

A Sonia le pareció buena idea y eligió la bici estática. Mientras pedaleaba comenzó a contar lo horrorosa que había sido la excursión a la nieve del invierno pasado con el colegio porque sus compañeras de habitación habían sido muy malas con ella".

Gloria comenta que según escuchaba a Sonia, comenzó a reflexionar sobre sí misma. Le vino a la memoria un taller que había hecho recientemente sobre cómo nos comunicamos con los demás. En este taller se pudo dar cuenta de que nuestra forma de comunicar nos da muchas pistas de cómo funcionamos.

También se le pasaron por la cabeza algunas sesiones de coaching anteriores. En una de ellas surgió la pregunta: "¿Qué opinas con respecto a tu forma de comunicar?" Y pensó que, en muchas ocasiones, no decía lo que realmente pensaba ni cómo lo pensaba, además de que se solía expresar con connotaciones negativas acompañada de gestos que las reforzaban. Recordó también cómo en esa sesión decidió comenzar un plan de acción para intentar cambiar esta manera de transmitir las cosas que ni le gustaba ni le resultaba beneficiosa.

Esto coincidía con lo que estaba escuchando de su hija Sonia.

A la vista de cómo se estaba desarrollando el tema de conversación en el parque, decidió aplicar algo de lo que estaba aprendiendo. Le preguntó qué cosas recordaba agradables de toda esa semana de excursión y le sorprendió la respuesta que recibió: "Nada".

-"Haz un esfuerzo, Sonia... seguro que es posible que ocurriese al menos alguna pequeña cosa que te gustase. 

Después de mucho pensar, Sonia finalmente comentó:

-Bueno sí, el balneario".

La verdad es que no le estaba resultando fácil ver en su hija Sonia esa faceta que no sabía bien cómo describir... ¿negativa, o depresiva quizá?.

Vera llevaba con ellas desde el día anterior y, a diferencia de Sonia, parecía ver "el vaso medio lleno" más a menudo. La diferencia entre ambas sorprendió a Gloria. Hasta hace poco excusaba la actitud negativa de su hija al hecho de que estuviese "entrando en el pavo". Sin embargo, aunque le costara reconocerlo, esa forma de ver las cosas y expresarlas era una fuerte tendencia por parte de Sonia, quejándose frecuentemente y con pocas cosas que la satisficieran, "es algo que me preocupa" dijo Gloria. Siguió contándome su historia:

"Estábamos en campo abierto a finales de junio. Teníamos una vista impresionante de las montañas del Guadarrama al fondo, matizadas por la calima de la mañana, seguidas por los cerros más cercanos y praderas ocres que se extendían por todo el valle, salpicadas de encinas verdes. En primer plano avenas locas meciéndose con la brisa daban movimiento al paisaje. Probé suerte de nuevo:

-Sonia, ¿Hay algo de lo que nos rodea que te gusta?
- No, no veo nada- comentó, sin más.
-¿Las montañas, el campo, el aire fresco, el cielo?
- Me gustan los árboles pero casi no hay ninguno por aquí.
- ¿Alguno que te guste en especial de estos que ves?
- No, me gustan cuando hay más y he visto campos mucho más bonitos.
-Ya, bueno quizás necesites más tiempo para encontrar esa cosa especial que a nosotras se nos puede estar pasando desapercibida.

Mirando a su alrededor, al rato dijo: "Un águila, mira allí arriba mamá, creo que es un águila. Eso me gusta"

Pensé "¡Por fin!"... Nos recreamos en imaginar cómo sería el águila de grande, qué colores tendría y los motivos por los que le gustaba el águila.

Fui consciente de que esta forma de comunicar y esa actitud era lo habitual en Sonia, lo que me dio bastante que pensar a lo largo de todo el fin de semana. Observé la diferencia de comunicación que existía entre Sonia y Vera. Sonia comunicaba de forma negativa, lo que no le gustaba, lo que no podía hacer, lo que le faltaba a un dibujo para ser perfecto, que fue una pena no sacar matrícula y quedarse solo en un 9,75, y un largo etcétera que me resultó difícil de aceptar.

La forma en la que se expresaba Vera era muy distinta: la "O" no le quedó muy bien pero le gustaba mucho cómo había coloreado la "M", recordaba lo que le gustaba de las cosas que contaba, lo que le apetecía volver a repetir esa cuesta en la bici para ver cuándo podría subirla de tirón, la suerte de haber sacado tantos nueves y no tener deberes en vacaciones...

Entiendo -comentó Gloria- que ya venimos con una predisposición genética que puede facilitar un tipo de personalidad u otra, pero no hace mucho leí en un libro de psicología que el entorno tiene una enorme capacidad para poder modular este aspecto*.

Yo misma me reconozco en el pasado con pensamientos negativos de manera frecuente, me he sorprendido analizando el tipo de lenguaje que utilizo, descubriendo la calidad del mismo, y comprobando que distaba mucho del que me gustaría tener. También estoy comprobando que gracias a mis sesiones de coaching estoy consiguiendo que esto cambie, desde luego no sin esfuerzo, parece que lo tengo en el disco duro grabado a fuego y me sale sin querer.

Ahora veo y escucho a Sonia y pienso que, si ella fuese consciente de la poca capacidad de disfrute que actualmente tiene, varias serían las cosas que podría comenzar a hacer para proporcionarse un futuro más feliz.

Una cosa que siempre me negué a reconocer fue toda la negatividad que esta vez vi en mi propia hija. Tengo que seguir cambiando, antes no me hubiese dado cuenta de esto que estoy contando, ¿será que si sigo cambiando seré capaz de hacer que ella también lo haga? ¿será que ya estoy cambiando algo y por eso puedo hacer esta reflexión y darme cuenta de cómo comunica Sonia, cosa que antes no?"

Tras estas reflexiones de Gloria, muchas madres podríamos vernos reflejadas en ella.

Además de rescatar el  aspecto de cómo comunicamos, que es una reflexión importante, me gustaría resaltar el efecto espejo detectado.


El hecho de que algo cotidiano haya provocado cierto nivel de análisis y reflexión en Gloria sobre su propio comportamiento ha sido un gran paso. También lo ha sido el hecho de que, a pesar de la dificultad de ello,  haya reconocido en su hija algunos aspectos coincidentes con su propio estilo de comunicación.

Son las pequeñas cosas, junto con la reflexión acerca de estas, la mejor forma de ir avanzando en el propio proceso de cambio... Y, de alguna u otra forma, también este proceso de Gloria puede significar un mejor regalo de aprendizaje para Sonia.

* Nota de la autora: nuestra forma de comunicar no es genética, aprendemos en nuestra primera escuela de comunicación que es la familia.