miércoles, 17 de agosto de 2016

CNV VI - La CNV en acción

Robert Clark
Transcribimos un caso práctico de cómo la CNV puede ser útil en el día a día.
En uno de los cursos de CNV que imparte Marshall Rosenberg, una alumna que trabajaba como voluntaria en un banco de alimentos se quedó boquiabierta cuando oyó a una compañera  suya de más edad que, desde detrás de un periódico, exclamaba: “Lo que hace falta en este país es que se vuelva a penalizar el nacimiento de hijos ilegítimos”.


La reacción habitual de esta mujer ante una declaración como aquella habría sido guardar silencio, juzgar a su compañera con severidad, pero no hacer ningún comentario o, en todo caso, guardarse la reflexión para meditarla cando estuviese sola. Sin embargo, en aquella ocasión se dio cuenta de que eso podía ser una buena oportunidad para poner en práctica lo que había aprendido en los cursos de CNV, y poder comprobar su efecto en una conversación cotidiana.

La alumna tantea la suposición que hacía con respecto a la observación de su compañera y agrega:
Alumna :        ¿Qué lees? ¿Es la noticia sobre las adolescentes embarazadas?
Compañera:   ¡Por supuesto! Mira lo que te digo: si yo hubiera hecho algo así, mi padre me habría         matado.
Alumna:       O sea, que eso te recuerda lo que les pasaba a las chicas de tu generación cuando    quedaban embarazadas.
Compañera:  ¡Claro! Sabíamos lo que nos esperaba. Y esto nos daba miedo todo el tiempo, algo que  no les ocurre a las chicas de hoy.
Alumna:       ¿Te molesta que las chicas de hoy en día que quedan embarazadas no teman el castigo?
Compañera: ¡Bueno, por lo menos el miedo y el castigo funcionaban! Aquí dice que hay chicas que se acuestan con diferentes hombres sólo para quedar embarazadas. ¡Ya ves, ellas tienen los niños, y nosotros, la sociedad, pagamos!
Johanna Black
La alumna se dio cuenta de que en esa afirmación su compañera expresaba dos sentimientos diferentes: la sorpresa por el hecho de que hubiera chicas que quisieran quedar embarazadas, y la molestia porque los contribuyentes tuvieran que pagar con sus impuestos la manutención de los niños nacidos en aquellas circunstancias. Optó por buscar la empatía con uno de los dos sentimientos.
Alumna:     ¿Te sorprende ver que ahora hay chicas que quieran quedar embarazadas y no les importe la reputación, las consecuencias, la estabilidad económica y todo lo que en tu tiempo tenía tanta importancia?
En casos como este, en los que la persona que escucha presta atención y hace comentarios en relación a uno de los dos pensamientos expuestos, suele ocurrir que la persona que habla se centre en aquellos sobre los que no se ha prestado atención. En este caso, la compañera se centra en el sentimiento de molestia.
Compañera: Si, y adivina quién acaba pagando.
Alumna:    Parece que lo te da más rabia es que se utilice para esos fines el dinero de los contribuyentes ¿es así?
Compañera: Así es. ¿Sabes que a mi hijo y a mi nuera les gustaría tener un segundo hijo, y han decidido no tenerlo de momento por el dinero que les costaría mantenerlo a pesar de que trabajan los dos?
Alumna:        Veo que eso es lo que más te entristece y que te encantaría tener otro nieto…
Compañera:  Si, y no solo por mí.
Pese a que la alumna no adivinaba más que a medias las preocupaciones de su compañera, no dejó que se interrumpiera la corriente de empatía y le dio la oportunidad de que compartiera su inquietud.
Alumna:        Quizá deseas que tu hijo tuviera la familia que le gustaría tener...
Compañera: Si, a mí me parece que ser hijo único es triste.
Alumna:        Ya comprendo, te gustaría que tu nieta tuviera un hermanito.
Compañera: Si, sería muy bueno.
Al llegar a este punto, la alumna notó que su compañera se sentía más tranquila. Hubo un momento de silencio. La alumna se sorprendió al descubrir que, aun cuando hubiera querido expresar sus opiniones, se habían desvanecido por completo la urgencia y la tensión. Ya no se sentía enfrentada a su compañera. Comprendía los sentimientos y las necesidades que su compañera había expresado con sus palabras, y ya no tenía la sensación de que las dos estaban en mundos diferentes.
Alumna:     ¿Sabes una cosa? Cuando te oí decir que “Lo que hace falta en este país es que se vuelva a penalizar el nacimiento de hijos ilegítimos”. (Observación), la verdad es que me asusté (Sentimiento), porque me parece que aquí todos debemos ayudar a los necesitados (Necesidad). Aquí vienen algunas adolescentes que tienen hijos (Observación), y me gustaría que se sintieran bien recibidos (Necesidad). ¿Quieres decirme qué sientes cuando adolescentes como María o Lara vienen con su novio al banco de alimentos? (Petición)
En este caso, la alumna se había expresado con el lenguaje de la CNV, usando las cuatro partes del proceso: Observación, Sentimiento, Necesidad y Petición.
El diálogo prosiguió hasta que la alumna estuvo completamente segura de que su compañera brindaría ayuda y guardaría el debido respeto a todos los adolescentes solteros que acudían a ese lugar. Y todavía más importante, lo que consiguió fue una nueva experiencia en lo que se refiere a expresar desacuerdo sin violentar la sinceridad ni el mutuo respeto.
En cuanto a su compañera, se quedó satisfecha por haber sabido expresar la inquietud que le producía el hecho de que hubiera tantas adolescentes embarazadas. Así pues, las dos partes se sintieron comprendidas, y la relación habría podido deteriorarse a partir de aquel momento, lo cual habría sido perjudicial para el trabajo que querían hacer en común: cuidar y ayudar a la gente.

Fuente: Comunicación No Violenta: Un lenguaje de vida - Marshall B. Rosenberg (pag. 70-73)